Cuidar los alimentos puede empezar con una decisión en casa: aprovechar lo que ya tenemos y planificar lo que vamos a compartir. Este 29 de septiembre se conmemora el Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos. La fecha invita a mirar un problema medido por organismos internacionales y una escena del Evangelio: después de alimentar a la multitud, Jesús pidió recoger lo que había sobrado.
Una cifra mundial con una fecha precisa
El Índice de Desperdicio de Alimentos 2024 del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, elaborado con WRAP, estimó que en 2022 se generaron 1.050 millones de toneladas de desperdicios alimentarios en hogares, servicios de alimentación y comercios minoristas. La medición incluye partes no comestibles. Equivalía aproximadamente al 19% de los alimentos disponibles para consumidores.
El comunicado del 27 de marzo de 2024 atribuyó a los hogares el 60% de ese total; a los servicios alimentarios, el 28%; y al comercio minorista, el 12%. Son estimaciones globales de aquel año. No describen un conteo de desperdicio ocurrido hoy ni permiten atribuir el mismo porcentaje a Puerto Rico.
La actualidad de esta explicación está en la conmemoración del 29 de septiembre de 2026 anunciada por la FAO. La organización propone reducir pérdidas y desperdicio como una vía para cuidar recursos y mejorar la seguridad alimentaria. Esa agenda ofrece una ocasión concreta para revisar hábitos y procedimientos.
El desafío también tiene una dimensión regional
La oficina de la FAO para América Latina y el Caribe convocó un encuentro los días 9 y 10 de septiembre, dentro de un ciclo que culmina el día 29. Su convocatoria reúne producción, tecnología, normas y redes de bancos de alimentos. El documento anuncia herramientas; por sí solo no demuestra cuánto desperdicio se logró evitar después del encuentro.
Conviene distinguir las pérdidas durante la cadena de producción y distribución del desperdicio en comercios, servicios y hogares. Las respuestas necesitan coordinación entre quienes cultivan, transportan, venden, cocinan y consumen. La responsabilidad doméstica forma parte de esa tarea compartida.
Juan 6: abundancia que también se cuida
En Juan 6:1–15, Jesús alimenta a una multitud con cinco panes y dos peces. Cuando todos quedan satisfechos, ordena: «Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada» (Juan 6:12, RVR1960). Los discípulos recogen doce cestas.
El relato revela la identidad y provisión de Jesús; más adelante, el capítulo lo presenta como el pan de vida. Dentro de ese contexto, recoger lo sobrante permite una aplicación concreta sobre gratitud y cuidado de lo recibido. La abundancia no vuelve insignificante el alimento que queda.
Esta pieza se clasifica como patrón bíblico de provisión, gratitud y cuidado. La relación con el desperdicio contemporáneo es una aplicación editorial. El informe de Naciones Unidas no constituye el cumplimiento directo de una predicción bíblica.
Una respuesta posible en nuestra mesa
En hogares, iglesias y actividades comunitarias podemos revisar lo disponible antes de comprar, ajustar las cantidades al número previsto de personas y establecer quién se encargará de lo que quede. Compartir requiere organización y condiciones seguras de conservación; cada entidad receptora debe indicar qué acepta y cómo debe recibirlo.
Para una iglesia, la pregunta puede ser tan sencilla como esta: ¿qué haremos con la comida después de nuestra próxima actividad? Preparar esa respuesta con tiempo convierte una buena intención en una práctica de cuidado. La esperanza en Cristo nos da razones para servir con gratitud y constancia.
En nuestra cobertura sobre la ayuda alimentaria en Sudán del Sur examinamos cómo conservar la compasión ante el hambre. Aquí el aporte es distinto: comprender la medición del desperdicio y atender el uso de los alimentos que pasan por nuestras manos. Reducirlo es una contribución; las crisis alimentarias también necesitan acceso, recursos y respuestas institucionales.
En contexto
Jesús atendió a la multitud y también lo que quedó sobre la mesa. Hoy podemos responder con gratitud por su provisión, cuidado de nuestros recursos y generosidad organizada. Cuidar lo recibido puede abrir una oportunidad para compartir.
Fuentes consultadas el 29 de septiembre de 2026: FAO; PNUMA/WRAP, informe de 2024 con datos de 2022; Juan 6. Análisis propio de En Contexto Media. Gráficos y música originales; narración sintética. Panes, mesa y cestas son ilustraciones explicativas, sin recreación documental del acontecimiento bíblico.

